
“The Spider turned him round about, and went into his den,
For well he knew the silly Fly would soon come back again;
So he wove a subtle web, in a little corner sly,
And set his table ready, to dine upon the Fly.”
Mary Howitt
Mary Howitt
No podía precisar en que momento se separaba una etapa de la anterior, no sabia con exactitud si sucedió de un día para otro o se había ido diluyendo paulatinamente.
Lo que sabía era que su recuerdo ya no dolía, que ya no lo atormentaba de la manera implacable en que lo había echo durante tantos meses.
Cuando si lo hacía, cuando la recordaba con el indecible quebranto de haberla perdido, no podía evitar pensar en Prometeo y el ave de rapiña que le devoraba las entrañas día tras día.
Habían sido días aciagos, oscuros, llenos de desesperanza; en aquellos funestos momentos los amaneceres eran lo mas detestable de su existir, el martirio daba inicio al despertar.
El dolor parecía ser una entidad con vida propia, un ser separado que poseía inteligencia y voluntad, que lo acechaba con paciencia para asaltarlo repentinamente bajo el más mínimo pretexto. Una melodía, un lugar, un nombre, asociaciones absurdas a menciones inconexas; todo y nada eran suficientes para hacerle recodar con un infinito pesar - a la mujer que tanto había amado.
-0-
Perder: curiosa palabra cuando se emplea para hablar de emociones, de sentimientos. ¿Como fue que ella “perdió” su amor por el?, ¿como diablos es que el amor se puede perder?, ¿Lo dejo en el otro bolso? o ¿acaso está olvidado en el lavabo? pues se lo quito cuando fue a limpiarse las manos.
En su propio caso era muy claro, y sospechaba que era igual para todos. Los sentimientos -como la materia- ni se crean ni se destruyen tan solo se transforman.
Dichas transformaciones tienden a ser pendulares, es decir, oscilar hacia el opuesto, y así resulto ser en su corazón.
De un amor absolutamente pasional, intenso, que rayaba en la adoración fanática y transitaba peligrosamente en los limites de lo sano y lo enfermizo. De una dependencia obsesiva (que lo desarticulaba como humano valioso y le recordaba de manera contundente su adicción a diversas sustancias) iba todo poco a poco dirigiéndose hacia el lado oscuro del corazón; el odio y el desdén, el rencor y el desprecio se iban apoderando de su alma como una infección particularmente virulenta.
Estos sentimientos, eran nítidos, con forma y nombre, con voz, con identidad; viejos demonios conocidos a los que les encantaba aferrarse a su interior con la tenacidad de las garrapatas.
Sin embargo en el camino que recorrió el péndulo de un lado a otro, la desdicha y el dolor se situaban en el medio.
Preso, de tales estados de ánimo no podía navegar ni siquiera un solo día en paz. Delirante, sumido en los oscuros pozos de una depresión mortífera que coqueteaba intensamente con pasar a la categoría de permanente.
-0-
Su universo comenzó a reducirse, descomponiéndose en diversos elementos separados; un proceso químico se desarrollo en su interior, de manera que en lapsos de tiempo que eran ya muy inciertos en cuanto a su extensión, solo existía la labor mecánica de limpiar y trapear un cuarto de baño.
Todo esto resultaba muy extraño de quien era este baño, como llego a el y tal vez lo más importante: por que demonios estaba el encargado de limpiarlo.
El lugar era ínfimo, minúsculo. Apenas el espacio suficiente para un retrete y nada mas, no había un lavabo o un toallero únicamente un dispensador de papel higiénico y cuatro paredes, la puerta se abría hacia afuera y tampoco había espejo.
Lo asombroso es que no sabia que había afuera. Tan solo recordaba el pequeño baño y su casi absoluta soledad, casi, por que el bañito era también el hogar de Spider.
En un principio no se percato de que ahí estaba, que todas las mañanas aparecía poco después de que encendía la luz para iniciar su labor; pero precisamente por el miedo que les tenía, no pasaba mucho tiempo en un lugar sin que tarde o temprano se fijara en las esquinas que se forman entre las paredes y el techo, para asegurarse de que no hubiera arañas.
Ella si lo había visto a el, o cuando menos, se daba cuenta de su llegada por la luz que se encendía.
Ahí estaba, en toda su repugnante belleza -Latrodectus Mactans- La viuda negra.
El primer día que percibió su presencia, su impulso inmediato fue el de intentar aplastarla con su trapeador, pero al observarla con mayor atención se detuvo cautivado por la visión de las formas de extraña hermosura del animal, su textura maravillosamente aterciopelada, sus finísimas y armónicas extremidades- como podían moverse con tanta precisión y ritmo nada mas y nada menos que ocho miembros- El contundente contraste del profundo negro del abultado abdomen, la cabeza y las patas, y el sanguíneo y violento rojo del pequeño polígono en forma de reloj de arena que marcaba su bajo vientre.
Pero además de su admiración estética, notaba una mórbida fascinación en el saber, que todo ello contenía a un despiadado y eficiente asesino que acecha a sus victimas con gran astucia y paciencia, para después paralizarlas con un potentísimo veneno y finalizar su cruel cacería devorándolas vivas.
Y con gran tristeza también se daba cuenta, de que logró frenar su impulso porque la pequeña criatura, era el único ser viviente que podría interrumpir de algún modo su aplastante soledad.
Sin que se diera cuenta de cómo inició la practica, día a día al encender la luz del pequeño baño, dirigía su mirada al hoyito de la esquina hasta verla aparecer y sintiendo una especie de alivio la saludaba diciendo simplemente: “Spider”.
Y entonces como no lo había echo con ningún ser humano comenzaba a hablar y a relatarle al arácnido, la historia de su vida, sus deseos íntimos, sus sueños, sus miedos, sus preocupaciones, sus tristezas e ilusiones, le hablaba a aquella criatura sobre su sufrimiento y sobre su tremendo dolor, le hablaba de su furia incipiente, su rencor y avidez de venganza, acerca de los tiempos felices y sobre lo que el suponía que había sido la perfección.
El animalillo era un escucha ideal pues en su tarea tejedora, producía la ilusión de estar mas concentrada en los relatos que en su labor. Como una abuelita que le pone atención a tus historias mientras hace bufandas o bolas de estambre.
Este curioso soliloquio, que de alguna forma se sentía como diálogo, se volvía más soportable y llevadero gracias a la presencia de aquella criatura. Pero había algo más, no sólo era el sentirse escuchado, de cierta manera se había creado un vínculo con la araña, ella también se estaba comunicando con el, pero no sabía cómo explicarlo.
Asi transcurrió un lapso indeterminado de tiempo, ¿días?, ¿semanas?, ¿años?, quien lo podía saber, evidentemente el no.
Todas sus percepciones estaban maceradas y distorsionadas por razones desconocidas, esto era una ensoñación, pensaba: ¿Qué hago en este lugar?, ¿Cómo diablos llegue aquí?, ¿Por qué no se me permite salir?, ¿Quién soy yo?...
Tal vez este estado se hubiera perpetuado sin que el lo notara, pero no fue asi, una terrible mañana llego como siempre a desempeñar su rutinaria tarea, encendió la luz y saludó: "Spider".
Vacio, ausencia, tan solo un pequeño agujero en una esquina fue todo lo que aquel día lo recibió, en seguida comprendió que esa era la metáfora de su miserable existencia y fue mas de lo que era ya capaz de soportar.
En donde estaba su amiga, en donde estaba su compañera, en donde estaban su alma y su corazón.
SPIDER, Spideeeer, spider…
-0-
17:45 Verónica Santos, la enfermera del turno vespertino checó su tarjeta y se dirigió a la estación del ala 4ª, del edificio B, saludó a su compañera y le preguntó como iba todo.
-Ya sabes, lo de siempre-
-¿Cómo fue que caímos aquí?- pensó.
- lo único es el 206, los doctores dicen que ya entró en la instalación aguda de la catatonia-
- ¿van a continuar con el Lorazepam?- preguntó Verónica.
- lo mas que se pueda antes de intentar la electro convulsiva-
-Ya, entonces le voy a dar la de las 6- dijo.
La compañera estaba a punto de irse cuando el sonido de unos gritos y la caída de una charola la interrumpieron.
Encontró a Verónica llorando en un rincón, señalando horrorizada al individuo que estaba en la cama.
El paciente 206 estaba por completo inmóvil como siempre, su mirada cristalina y ausente no expresaba ningún tipo de emoción, pero de su boca abierta en la horrenda mímica de un alarido silencioso, brotaban varias moscas y unas cuantas cucarachas.
En su propio caso era muy claro, y sospechaba que era igual para todos. Los sentimientos -como la materia- ni se crean ni se destruyen tan solo se transforman.
Dichas transformaciones tienden a ser pendulares, es decir, oscilar hacia el opuesto, y así resulto ser en su corazón.
De un amor absolutamente pasional, intenso, que rayaba en la adoración fanática y transitaba peligrosamente en los limites de lo sano y lo enfermizo. De una dependencia obsesiva (que lo desarticulaba como humano valioso y le recordaba de manera contundente su adicción a diversas sustancias) iba todo poco a poco dirigiéndose hacia el lado oscuro del corazón; el odio y el desdén, el rencor y el desprecio se iban apoderando de su alma como una infección particularmente virulenta.
Estos sentimientos, eran nítidos, con forma y nombre, con voz, con identidad; viejos demonios conocidos a los que les encantaba aferrarse a su interior con la tenacidad de las garrapatas.
Sin embargo en el camino que recorrió el péndulo de un lado a otro, la desdicha y el dolor se situaban en el medio.
Preso, de tales estados de ánimo no podía navegar ni siquiera un solo día en paz. Delirante, sumido en los oscuros pozos de una depresión mortífera que coqueteaba intensamente con pasar a la categoría de permanente.
-0-
Su universo comenzó a reducirse, descomponiéndose en diversos elementos separados; un proceso químico se desarrollo en su interior, de manera que en lapsos de tiempo que eran ya muy inciertos en cuanto a su extensión, solo existía la labor mecánica de limpiar y trapear un cuarto de baño.
Todo esto resultaba muy extraño de quien era este baño, como llego a el y tal vez lo más importante: por que demonios estaba el encargado de limpiarlo.
El lugar era ínfimo, minúsculo. Apenas el espacio suficiente para un retrete y nada mas, no había un lavabo o un toallero únicamente un dispensador de papel higiénico y cuatro paredes, la puerta se abría hacia afuera y tampoco había espejo.
Lo asombroso es que no sabia que había afuera. Tan solo recordaba el pequeño baño y su casi absoluta soledad, casi, por que el bañito era también el hogar de Spider.
En un principio no se percato de que ahí estaba, que todas las mañanas aparecía poco después de que encendía la luz para iniciar su labor; pero precisamente por el miedo que les tenía, no pasaba mucho tiempo en un lugar sin que tarde o temprano se fijara en las esquinas que se forman entre las paredes y el techo, para asegurarse de que no hubiera arañas.
Ella si lo había visto a el, o cuando menos, se daba cuenta de su llegada por la luz que se encendía.
Ahí estaba, en toda su repugnante belleza -Latrodectus Mactans- La viuda negra.
El primer día que percibió su presencia, su impulso inmediato fue el de intentar aplastarla con su trapeador, pero al observarla con mayor atención se detuvo cautivado por la visión de las formas de extraña hermosura del animal, su textura maravillosamente aterciopelada, sus finísimas y armónicas extremidades- como podían moverse con tanta precisión y ritmo nada mas y nada menos que ocho miembros- El contundente contraste del profundo negro del abultado abdomen, la cabeza y las patas, y el sanguíneo y violento rojo del pequeño polígono en forma de reloj de arena que marcaba su bajo vientre.
Pero además de su admiración estética, notaba una mórbida fascinación en el saber, que todo ello contenía a un despiadado y eficiente asesino que acecha a sus victimas con gran astucia y paciencia, para después paralizarlas con un potentísimo veneno y finalizar su cruel cacería devorándolas vivas.
Y con gran tristeza también se daba cuenta, de que logró frenar su impulso porque la pequeña criatura, era el único ser viviente que podría interrumpir de algún modo su aplastante soledad.
Sin que se diera cuenta de cómo inició la practica, día a día al encender la luz del pequeño baño, dirigía su mirada al hoyito de la esquina hasta verla aparecer y sintiendo una especie de alivio la saludaba diciendo simplemente: “Spider”.
Y entonces como no lo había echo con ningún ser humano comenzaba a hablar y a relatarle al arácnido, la historia de su vida, sus deseos íntimos, sus sueños, sus miedos, sus preocupaciones, sus tristezas e ilusiones, le hablaba a aquella criatura sobre su sufrimiento y sobre su tremendo dolor, le hablaba de su furia incipiente, su rencor y avidez de venganza, acerca de los tiempos felices y sobre lo que el suponía que había sido la perfección.
El animalillo era un escucha ideal pues en su tarea tejedora, producía la ilusión de estar mas concentrada en los relatos que en su labor. Como una abuelita que le pone atención a tus historias mientras hace bufandas o bolas de estambre.
Este curioso soliloquio, que de alguna forma se sentía como diálogo, se volvía más soportable y llevadero gracias a la presencia de aquella criatura. Pero había algo más, no sólo era el sentirse escuchado, de cierta manera se había creado un vínculo con la araña, ella también se estaba comunicando con el, pero no sabía cómo explicarlo.
Asi transcurrió un lapso indeterminado de tiempo, ¿días?, ¿semanas?, ¿años?, quien lo podía saber, evidentemente el no.
Todas sus percepciones estaban maceradas y distorsionadas por razones desconocidas, esto era una ensoñación, pensaba: ¿Qué hago en este lugar?, ¿Cómo diablos llegue aquí?, ¿Por qué no se me permite salir?, ¿Quién soy yo?...
Tal vez este estado se hubiera perpetuado sin que el lo notara, pero no fue asi, una terrible mañana llego como siempre a desempeñar su rutinaria tarea, encendió la luz y saludó: "Spider".
Vacio, ausencia, tan solo un pequeño agujero en una esquina fue todo lo que aquel día lo recibió, en seguida comprendió que esa era la metáfora de su miserable existencia y fue mas de lo que era ya capaz de soportar.
En donde estaba su amiga, en donde estaba su compañera, en donde estaban su alma y su corazón.
SPIDER, Spideeeer, spider…
-0-
17:45 Verónica Santos, la enfermera del turno vespertino checó su tarjeta y se dirigió a la estación del ala 4ª, del edificio B, saludó a su compañera y le preguntó como iba todo.
-Ya sabes, lo de siempre-
-¿Cómo fue que caímos aquí?- pensó.
- lo único es el 206, los doctores dicen que ya entró en la instalación aguda de la catatonia-
- ¿van a continuar con el Lorazepam?- preguntó Verónica.
- lo mas que se pueda antes de intentar la electro convulsiva-
-Ya, entonces le voy a dar la de las 6- dijo.
La compañera estaba a punto de irse cuando el sonido de unos gritos y la caída de una charola la interrumpieron.
Encontró a Verónica llorando en un rincón, señalando horrorizada al individuo que estaba en la cama.
El paciente 206 estaba por completo inmóvil como siempre, su mirada cristalina y ausente no expresaba ningún tipo de emoción, pero de su boca abierta en la horrenda mímica de un alarido silencioso, brotaban varias moscas y unas cuantas cucarachas.
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