¿Qué placer más culpable que aquel que te haría sonrojar si te viera tu jefe de la chamba o alguna supermodelo a medida que lo gozas? Uno de estos es el suadero. No precisamente el que puedes perdir de entrada en la Haceinda de los Morales antes de un filete Chemita, sino el suadero deforme y multicolor de afuera de la estación del metro de su preferencia o un estadio de futbol.
No me imagino masticando un taco de 3 por cinco pesos en presencia del Papa o de Liv Tyler, pero sin duda es un placer casi inmejorable. Entre más grasa y salsa mejor. La parafernalia consabida le añade al placer: el salero de jitomate, el pascual de naranja, el puesto tapizado de cilantro o pápalo, el olor de los tacos de cabeza y la cuestionable asepsia del cocinero.
Sin duda una de las cosas que hacen que la vida se más llevadera.
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