Apegandome a lo que marca la convocatoria del presente debate, me dispongo a cuestionar los enclenques argumentos del Dr. Z.
¿No es verdad que el noble olor del que habla el Dr. Z se convierte en un hedor salido de la boca del mismísimo Beelzebub si lo sacamos del contexto romático (para el Dr. Z) del viril pecho de Steve Mcqueen y lo transportamos al ordinario olor que se puede percibir en un camión repleto de fans del América de regreso de algún juego?
¿Es la situación que a las núbiles axilas del Dr. Z les basta una aplicación de Rexona aroma "Amanecer de Gardenias" para soportar un día entero en las entrañas de esta queridísima ciudad?
¿Es su costumbre, Dr., el ir restregando el zobaco de poste en poste en las inmediaciones de su apartamento para dejar claro que es de su dominio, y de ser así, le ha servido para algo?
Siguiendo la línea de los propósitos del almizcle, ¿Le ha servido alguna vez para defensa personal? ¿Es su esencia natural un repelente al marido ofendido o al chofer buscapleitos? De la misma manera, ¿Ha sido alguna conquista suya producto de su muy peculiar elección de neutralización de su olor axilar, mezcla de tortilla pasada con wasibi?
Si tanto defiende la utilidad del stick, ¿Éste le permite pasarselo por la espalda, pecho o entrepierna (tal vez sea una costumbre poco ortodoxa, pero lugar común para el Galeno Z)?
¿No están los Clorofluorocarbonos (gases que expelen el producto de sprays) vetados desde hace quince años, y no se utilizan en el hemisferio occidental?
¿Ha notado que cuando el méndigo stick está por acabarse tiene unos filos infernales que laceran las delicadas axilas con el mezquino propósito de que admiradores del stick (ahem) como el Dr. Z corran cantando "It's raining men," a comprar más de su vil producto?
Espero sus respuestas y las pocas preguntas que acerte a fermentar en su podrido cerebro, estimado "stick lover."
Subscribe to:
Post Comments (Atom)
No comments:
Post a Comment