
Cuando era niña creía, porque así me lo aseguró mi hermano, que él era muy poderoso y era amigo de las nubes. Yo veía cómo tenía una o dos en su ventana y sólo él las podía tocar. Años después me impacté al descubrir el parecido de aquellas nubes con el relleno de las almohadas de la casa.
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